Necesitas muy poco para ser feliz

No necesitas ese móvil de última generación. No necesitas esas zapatillas deportivas que te prometen correr más rápido. No necesitas mirarte al espejo cada dos por tres en busca de arrugas. No necesitas que la gente se alegre por ti. No necesitas comprensión por parte de nadie. No necesitas que el mundo te preste atención. No necesitas ser amado. No necesitas tener dinero. No necesitas tener casa. No necesitas tener trabajo. No necesitas ser el mejor en lo que haces. No necesitas ni siquiera ser bueno en lo que haces. No, no nos engañemos más. No necesitamos nada de eso.

Si partimos de los deseos, que son muy lícitos pero también peligrosos, podemos transformarlos sin darnos cuenta en necesidades absolutas. Y eso sí puede volverse en tu contra. Si bien lograr tus objetivos puede ser algo gratificante, lo será tanto o más, si esos objetivos no fueron anteriormente convertidos en necesidades vitales para ser felices. Porque de ser así, pronto te darías cuenta de que no te hacen feliz. Quizás un instante de alegría, pero después, ¿qué te queda? Nada, el recuerdo. Y el recuerdo solo puede servir para alimentar el ego y perdernos en esos momentos en los que fuimos dichosos, para dar paso de nuevo al miedo y la incertidumbre sobre ¿cuándo volveré a sentirme así? La nostalgia más inútil.

Pues bien, hay muy pocas necesidades reales. Sabes bien cuáles son. ¿No? Comer, beber… poco más. ¡Genial!

Sí, tan básico como eso. Después podemos desear tener buena salud, un techo, ropa, pareja, un trabajo… pero no hablamos de tener la mejor salud del mundo, un chalet de cuatro plantas o las últimas tendencias en moda. Son deseos, no necesidades. Si no se cumplen, ¡puedes seguir adelante!

¿No sería bueno tener mucho dinero, una casa grande y la mejor salud del mundo? Sí, siempre y cuando todo eso que tuvieras no te hiciera sufrir amargamente si llegases a perderlo.

Es complicado llegar a esa conclusión cuando nos criamos en una sociedad hiperconsumista, pero a lo mejor, si en tu mente hay conflictos, tristeza, ansiedad y dolor, pueda ayudarte el despojarte de todas estas necesidades creadas por ti y por otros que influyen en tu pensamiento desde que eres bien pequeño. No digo que tires el dinero por la ventana, sino que lo uses para cubrir una necesidad real y algún deseo que, precisamente, no conviertas en necesidad.

Necesitas muy poco para ser feliz.

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