Independencia

La frontera, la bandera. Algunas personas decidieron lo que éramos, cuando ellos no tenían ni la más remota idea de quiénes eran. ¿Eran la persona? ¿La codicia? ¿El odio? ¿Eran el amar al prójimo pero cuanto más lejos mejor? ¿Eran la puerta blindada aunque el mundo siempre sea un lugar maravilloso? No eran, son creyentes de lo que creen ser. ¿Y tú, dónde quedas tú? Tranquila, tranquilo, sigues siendo tú aunque tu documento diga que eres un número, aunque haya una foto vieja que nada tiene que ver con tu imagen actual, aunque tengas que llevar tu identidad en un bolsillo, bien amarrada, porque si se escapa, dejarás de ser tú. El tú de los otros.

Oh, sí, será eso. Que si no tienes país, no eres nadie, porque necesitas identificarte para reforzar tu ego, el de todos. Eso en lo que viajamos. El cuerpo perecedero donde incontables historias han sucedido. Y muchas de esas historias, están guardadas como tesoros en nuestra mente y, en esencia, nada, nada tienen que ver con pertenecer a esto o aquello, porque en lo más recóndito de la realidad, reside la luz de la emoción, la innombrable sensación de ser sin pertenecer a nada, sino perteneciendo a todo. Sí, todo aquello que juzgamos por miedo y que en realidad no significa nada, porque ni el bien es bien, ni el mal es mal, ni la percepción significa que tu mundo sea real.

Como ser independiente, que lo convertiste en algo bueno, cuando es lo más triste del mundo. Recuerda que todos dependemos de todas las cosas que nos rodean, ¿por qué separarnos del todo? ¿Por qué la etiqueta? ¿Por qué no la unión absoluta? Este caos organizado no entiende de otra cosa que no sea de la perfección. Así que ya lo sabes, ¿qué necesidad tienes de ser independiente si la necesidad real es otra muy diferente, alejada de todo aquello nacido de los oscuros intentos infructuosos por ser algo?

Queremos alcanzar ese tesoro que nos satisfaga, pero toda necesidad basada en lo material te generará tristeza. Sería más provechoso ser independiente de todo pensamiento nacido del miedo, pero qué complicado es. Resulta más sencillo ser parte de algo, llámalo religión, país, partido político o equipo de fútbol. Mucho más fácil, pero, a la vez, mucho más efímero.

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